¿Por qué estás leyendo esto?

De todos los contenidos de internet decidiste abrir esta página. Podrías estar leyendo un cuento de Borges o una novela de García Márquez, pero sin embargo estás aquí, en Cardinal. La sabiduría universal al alcance de la mano y tú consumiendo motivación barata. Déjame decirte que revises el criterio. ¿No tienes nada mejor que hacer? ¿Salir en bici para no divorciarte? Fíjate cómo acabo de jugarme que cierres la pestaña. Pero sigues aquí, porque tu matrimonio está muerto y yo necesito mantener la tensión en las primeras 100 palabras. No puedo bajar el ritmo, el insaciable lector, yonki de la dopamina, exige estímulos constantes. Me ha concedido 30 segundos de gracia y demostraré con talento que merezco su plena atención. Quiero sorprenderle, cuestionar sus estúpidas normas sociales, generar confusión en este juego en el alambre, la fina línea entre sacarle una sonrisa o faltar al respeto a su santa madre.

¡Vamos todos a relajarnos! Entiende mi hostilidad inicial, llevas apuntándome con el pulgar desde el momento en el que entraste. ¿Qué vital tarea está esperándote? ¿Actualizar por quinta vez la web del Marca? Formas parte de una generación que dispararía a Moby Dick en la tercera página. La inmediatez mata el placer. ¿No te contó tu abuela que esperar [con ligero nerviosismo] es la mejor parte? Sin tiempo para la anticipación, apenas podrás disfrutarlo. ¿Por qué sigues leyendo esto? ¿Quieres desautorizarme? Si te prestara un botón rojo tardarías medio segundo en pulsarlo. ¡Cómo somos los humanos! Sentir el libre albedrío desobedeciendo pequeñas normas irrelevantes. Luego el político dice que confinamiento y tú con la mascarilla en la playa. Estás cansado de seguir órdenes, en la sociedad, en el trabajo y en casa, y demostrarás tu nueva autonomía cuestionando mis dictados. ¡Qué fácil es manipularte!

Llegamos al tercer y último párrafo, en el que el fatigado escritor dará por sentada la fidelidad del lector. Craso error. En medio móvil, te despistas un segundo y te salta la notificación. Los millennials no dan respiro, presentan batalla hasta la última palabra. A mi favor que tu coste de oportunidad (la mejor alternativa) es bajo. No te engañes, estarías leyendo los tuits de šibenik, no los ensayos de Montaigne. En Instagram la cosa está más peliaguda, con chicas en pelotas desayunando aguacate. En el eterno scroll superficial, Aurah Ruiz no es rival para Sócrates. Tu política en redes es una locura, FOMO de vidas ajenas. Cardinal es otro rollo. Acabas de comprobarlo, desde la ESO que no leías un texto tan largo. ¿Hasta dónde llega la madriguera? No quiero tu dinero. Solo quiero tu atención. Tengo un boletín y tengo un podcast. Dale follow a Twitter (@joantubau) para impactos diarios. Ignórame y volverás a encontrarme.

¿Qué has aprendido en estos dos minutos?

Que la atención es un recurso escaso.

Que la gente no tiene tiempo para tus mierdas.

Que la única diferenciación es el carácter.

La economía de la distracción

Retener la atención en las primeras 10 palabras.

Revisa mis primeras 10 palabras.

El usuario abre el móvil buscando una distracción. La ventana de oportunidad son 5 segundos. Ahórrate los libros de ventas, el buen marketing es creértelo. Tú no vas al encuentro, se acerca ella. Palabra de Álvaro Reyes. Por cierto, ¿sabes que ese no es su verdadero nombre? No vendía cursos llamándose Jeremías Pérez. Que me pierdo, ¿dónde estaba? Ah, sí, con la basura del funnel. Te despistas un segundo y entras en una masterclass de trading. Si el precio termina en 7 es una trampa, el ebook que regala son cuatro frases de Einstein. ¿Por qué repites una y otra vez la misma palabra? A Trump le funciona pero tú pareces retrasado. Pírate por piernas del neurocopywriting. Ya te optimizo yo lo del SEO: cuenta algo interesante. Huye del contenido low-cost, en esta tiranía de la novedad constante. La industria del entretenimiento, pilar fundamental del capitalismo, te mantiene alejado del aburrimiento. Mientras miras Netflix no piensas en tus problemas. Cae internet y a los dos días arde el Congreso.

Twitter ofrece la oportunidad de arbitraje. Únete a la revolución contra las fuerzas del establishment. ¿Cómo llamar la atención del público? Generando contenido de calidad. Alguien dirá que tuviste un golpe de suerte, que todo lo conseguiste por la mención de una influencer. No, imbécil, construí marca trabajando redes 24/7. Tú estabas en clase de micro cuando yo tuiteaba la rueda de prensa de Mourinho. Los dinosaurios, sin visión a largo, cuestionaron el movimiento, pero yo me agarré a la incertidumbre y ahora cobro el dividendo. 100.000 tuits desde 2009. Que no supiera explicarlo no significa que no pudiera entenderlo. Combate a pelo, sin intermediarios, en una economía sin barreras de entrada. De ti depende demostrar tu valía. Tienes la infraestructura (un teléfono con internet) desde la que proyectarte. Un mercado menos elitista, en el que no necesitas la credencial educativa, el requisito es el talento. Nunca fue tan fácil convencer al productor. Woody Allen subiría hoy el monólogo en Tik Tok.

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«Que no me interesa, pesado».

No has escuchado la mejor parte.

Mercados escalables

Si me lo pienso dos veces no escribo esto.

Es de locos publicar un texto. Competir en un mercado escalable, con coste marginal 0. En estructura de torneo, con millonarios y mileuristas, no existe la clase media. ¿Por qué contratar al segundo si, por el mismo precio, puedo quedarme con el primero? Hacerlo mejor que el periodista del New York Times—difícil, pero no imposible. Escribir una novela, en cambio, te conduce ineludiblemente al psiquiátrico. ¿Qué puedes decir que no se haya dicho? ¿Qué opción tienes frente a Dostoyevski? No hay mercado más jodido: en ningún otro sitio compites contra los muertos. Existe, sin embargo, una oportunidad en el nicho, para quien identifique su ventaja comparativa. Yo no escribiré los hipnóticos relatos de Buzzati, ni describiré las emociones como hacía Shakespeare, pero sí puedo pelear contra Beigbeder, en el cínico análisis de la enferma sociedad moderna. Es apuesta irracional. Y quizá por eso merezca la pena.

Ábrete un blog, si acabas de cumplir los 18. Intenta ganar un euro online. Lucha por las primeras 100 visitas. Se termina pronto la tontería. Rápido entiendes que, fuera del sistema educativo, la gente no tiene obligación de escucharte. El bebé sabe retener la atención de la madre, pero llorar no es ya estrategia válida—y tu madre hace tiempo que decidió ignorarte. Aunque fuiste la estrella de la fiesta, el más gracioso y el más guapo, siento decirte que era todo un engaño. Doble dosis de exposición. Cuelga el contenido mediocre y escucha el largo silencio. ¿5.000 palabras? ¿Tú estás mal de la cabeza? ¿Cómo voy a darte a ti, un completo desconocido, 20 minutos de mi mañana? No te llamas Hemingway, déjalo (máximo) en 500 palabras. Si quieres escribir, escribe, pero escribe todos los días. Encontrarás un estilo, tu estilo, siempre que tengas algo que decir. Escribe esa historia que arde en tu interior. Cuéntala con ojos brillantes.

Publica el texto.

No prometo leerlo.

Joan Tubau — Cardinal


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Imagen: John Baker | https://unsplash.com/photos/3To9V42K0Ag