Cineclub

Inauguramos cineclub. En su formato clásico.

Servicio exclusivo para clientes Cardinal Club.

Más contenidos: Club de lectura. Podcast.

Nos reuniremos el último jueves de cada mes para intercambiar opiniones acerca de una película. Si te apetece asistir, solo tienes que unirte a la hora indicada. Yo mismo introduciré la obra y abriremos luego el debate. Instrucciones detalladas en este post.

No será la de Cardinal una lista convencional:

10.20. Susurros del corazón. Yoshifumi Kondō. 1995.

11.20. Whiplash. Damien Chazelle. 2014.

12.20. The wire. David Simon. 2002.

01.21. 12 hombres sin piedad. Sidney Lumet. 1957

02.21. El padrino. Francis Ford Coppola. 1977.

03.21. Glengarry Glen Ross. David Mamet. 1992.

04.21. The neighbors’ window. Marshall Curry. 2019.

05.21. La chaqueta metálica. Stanley Kubrick. 1987.

06.21. La juventud. Paolo Sorrentino. 2015.

07.21. Firewatch. Olly Moss & Sean Vanaman. 2016.

08.21. El gatopardo. Luchino Visconti. 1963.

09.21. Las verdes praderas. José Luis Garci. 1979.

10.21. Karakter. Mike van Diem. 1997.

11.21. Avicii. Levan Tsikurishvili. 2017.

12.21. Los Soprano. David Chase. 1999.

Historias del videoclub

Recuerdo ir al videoclub todos los sábados por la tarde. El mítico Blockbuster con VHS a 600 pesetas y un robótico cajero automático. El catálogo no era tan amplio como el de Netflix, pero yo era feliz allí, escogiendo una cinta. Los adolescentes, con todos los títulos a su disposición, nunca entenderán esa alegría de alquilar la última copia disponible. Paradójicamente, la restricción generaba satisfacción. Nadie es feliz en la abundancia. El videoclub era un refugio. Si ese había sido un mal día, sabía que podía arreglarlo con una película, escapando, durante unas horas, en la aventura del protagonista. El recuerdo de mi generación es ese Blockbuster. El de mis padres el cine de pueblo. Y el de los jóvenes el streaming. En la desintermediación se pierde la magia.

Aprendí, con aquellas películas, todo lo que quiero enseñarle a mi hijo.

En Cardinal Club visualizaremos obras audiovisuales, con el ambicioso objetivo de tomar mejores decisiones personales. La lista está compuesta por cintas históricas (el ya mencionado efecto Lindy) pero también contemporáneas. Abiertos a todos los formatos, hemos incluido cortometrajes, documentales e, incluso, videojuegos. Pero es en las series, películas de mayor duración, donde se produce hoy el mejor contenido. (¡Hemingway sería guionista de HBO!) Cuando se analice el cine de principios de siglo, aparecerán los nombres de Don Draper, Walter White, Stringer Bell y Al Swearengen.

La vida de los otros

¿Qué grado estudiar? ¿Dónde trabajar? ¿Con quién vivir mi vida? ¿Quiero tener niños?

Por escasez de información, nunca estamos suficientemente preparados para las encrucijadas. Desde mi punto de vista, las grandes decisiones presentan dos problemáticas: un número limitado de intentos y la imposibilidad de corregir rápido. Si te equivocas de restaurante, pierdes 10 euros. Si te equivocas de carrera, el proceso de reconversión puede alargarse años. El sesgo del coste hundido complica aún más la situación. Reticente a admitir el fallo, incorporas un coste irrecuperable, saboteando futuras opciones. Amor y trabajo son casos paradigmáticos. Especializarte en derecho penal porque tiene salidas, cuando a ti lo que te gusta es la biología. O cumplir las bodas de plata con una mujer a la que quisiste durante 6 semanas. Es jodido, lo del coste hundido. Cuanto más tiempo pasa, más difícil resulta cambiar de itinerario.

¿Cómo ser buen decisor en situaciones que solo se producen una vez en la vida?

Según Steven Johnson, autor de Farsighted, consumiendo ficción, una excelente manera de visualizar escenarios futuros. Añadiendo vivencias externas, reflejadas en las historias, estarás mejor preparado para tomar tus propias decisiones. El poder de las palabras. A través de un libro vivirás la vida de otros hombres, obteniendo así una experiencia directa en un escenario que no permitía validación. El modelo, sin embargo, presenta sus limitaciones. Y es que uno debe, al final de día, experimentarlo en primera persona. No entenderás el amor sumergiéndose en una novela sueca, aunque, como observador externo, sí podrás visualizar sus dramáticas consecuencias.

La plausible teoría de Johnson no se limita a la literatura. Si buscas, encontrarás señales en todas las narrativas. En mi caso, tuvo gran impacto en la formación de mi carácter observar el comportamiento de un macho alfa llamado Tony Soprano. Gracias a él, aprendí que las mejores decisiones suelen ser instintivas, que un hombre vale tanto como su palabra y que en Nueva Jersey no existen las segundas oportunidades. Las 7 temporadas darían para una asignatura de MBA, con lecciones en los campos del management emocional, el branding y los recursos humanos. Con esa millonaria y disfuncional familia americana entendí, vía negativa, todo lo que no quería que pasara.

De todo esto, y mucho más, hablaremos en el cineclub Cardinal. El debate tendrá lugar en dos modalidades, escrita y de palabra, con tono informal, huyendo de la pedantería de algunos círculos intelectuales. Admiradores de esa bonita y olvidada tradición helenística de filosofar paseando, queremos filtrar, discutiendo, cuáles son para ti las ideas válidas. ¡Qué mejor manera de prepararte que analizando un clásico!

Y es que algunas historias te acompañan a lo largo de los años.

Palabras del crítico Roger Ebert:

Movies do not change, but their viewers do. When I saw La dolce vita in 1960, I was an adolescent for whom “the sweet life” represented everything I dreamed of: sin, exotic European glamor, the weary romance of the cynical newspaperman. When I saw it again, around 1970, I was living in a version of Marcello’s world; North Avenue was not the Via Veneto, but the denizens were just as colorful. When I saw the movie around 1980, Marcello was the same age, but I was 10 years older, had stopped drinking and saw him not as a role model but as a victim, condemned to an endless search for happiness that could never be found, not that way.

Una noche de verano, en una cena, opiné en una tertulia improvisada acerca de las trifulcas matrimoniales. Un amigo, ya divorciado, me preguntó sorprendido que cómo sabía yo eso, si todavía no estaba casado. Respondí que lo había visto en Los Soprano.

En Cardinal discutiremos las lecciones que siempre regala el buen cine, para afrontar, con las máxima garantías, los problemas irresolubles de la vida.

Joan Tubau — Cardinal


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Imagen: Rich | https://www.pexels.com/photo/palace-theatre-signage-3004075