La satisfactoria frustración

“Si no te gusta después de 2 horas, hazlo 4 horas.” Proverbio zen.

Bloodborne no resulta una experiencia agradable.

Bloodborne, no apto para millennials, es un videojuego como los de antes. El jugador avanza con temor, sin recibir instrucciones, por las laberínticas calles de Yharnam. En Bloodborne todos los enemigos pueden matarte. En Bloodborne, como en la vida, nunca sabes si vas en la dirección correcta, el feedback llega demasiado tarde. Te invade entonces una sensación de impotencia, la falta total de esperanza. Te preparas un combate, estudias las mecánicas, pero apenas consigues hacerle daño. Y piensas en dejarlo, ¿qué necesidad hay de alargar la agonía? Solo unos pocos, por razones que no podrán expresar, seguirán intentándolo. Como espartanos en las Termópilas, abrazan su destino en una última batalla, y frente el cadáver de la bestia que un día creyeron invencible, experimentan, durante escasos segundos, la genuina felicidad del guerrero.

Los videojuegos de 1995

El género de las plataformas se popularizó en la década de los 90. Bloodborne es la evolución, y un bonito homenaje, a la clásica serie de Castlevania. Juegos que, limitados por la potencia de las consolas, alargaban su duración en mecánicas desesperantes. Las aventuras gráficas fueron el otro hit de la época. Monkey Island presentaba rompecabezas imposibles para la mente humana. Podías pasarte días, incluso semanas, en una misma pantalla. Y es que sin internet la cosa se complicaba. Invitabas a tus amigos, buscabas una guía o esperabas el milagro. En ocasiones no aguantabas aquella presión y abandonabas. También en el fracaso había una lección.

Todo esto se ha perdido, ahora que los programadores no sufren la restricción de antaño. Las nuevas tecnologías permiten 50 horas de acción ininterrumpida. La paradoja es que los videojuegos no son más interesantes. No existen los desafíos, se prioriza el disfrute presente. Mi tolerancia a los problemas es nula: aproximadamente 20 segundos, el tiempo que transcurre entre que muero por tercera vez y decido bajar el nivel de dificultad. O buscar la solución en Google. Y me avergüenza decirlo, habiendo completado Grim Fandango. Podría ser peor: hay quien decide jugarlo en YouTube y mirar como otro se lo pasa. Ser hermano pequeño no era tan mal negocio.

Los millennials de 2020

Si quieres algo solo tienes que pedirlo. Parece una bendición pero es una trampa.

La sobreprotección genera frustración. Una vida fácil no es una vida mejor.

Sin peligros no desarrollas fortitud. Un handicap compitiendo contra coreanos.

Si has sido víctima de pedagogos modernos mi recomendación es que te hagas con una copia de Bloodborne. Y trabajes la persistencia en Yharnam. Te preparará para la transición hacia la edad adulta, nunca rindiéndote, ningún reto podrá ya asustarte. Suena contraintuitivo pero, con el tiempo, aquello que odias puede terminar gustándote. Sigue insistiendo, algunas respuestas se esconden en el camino difícil, menos transitado. Daisuke Nakazawa. Si llega la oportunidad quieres estar preparado.

No estamos configurados para perseguir un objetivo a largo plazo. La comodidad como instinto maladaptado. En la antigüedad, hace 20 años, las instituciones sociales mitigaban el sesgo posponiendo la gratificación. Las escuelas actuales predican lo contrario, con trofeos por participación y recompensas constantes, desincentivan inversiones en capital humano, complicándote el futuro en un mercado globalizado. La gran mentira de nuestro tiempo es que tienes que disfrutar todo lo que haces.

Joan Tubau — Cardinal


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Imagen: Bloodborne | https://www.rpgfan.com/reviews/Bloodborne/index.html