Maestro de nada

Sometimes you gotta work a little, so you can ball a lot. Aziz Ansari.

Aziz Ansari busca el mejor taco de Nueva York.

Esa es la misión.

El incremento productivo de la Revolución Industrial liberó tiempo de ocio. Schopenhauer habría mantenido la jornada de 80 horas. Aziz, quien teme aburrirse, se toma muy en serio el cometido del taco. En la búsqueda de información privilegiada, esa que no aparece en la primera página de Google, él es jefe de curation. Mira reviews online, estudia críticas sibaritas y entra en foros clandestinos. Una vez organizado el conocimiento, programa los comandos para revelar el indiscutible número uno, científicamente validado, el mejor taco de la Gran Manzana. Apunta la dirección nervioso. Ha llegado la sagrada hora. Emprende el glorioso camino hacia Shambala.

Cuando por fin encuentra el food truck ya no quedan tortillas.

Javier Aznar, el Guardián, vería en Aziz una metáfora de la generación millennial:

Tenemos tal cantidad de información que nos genera problemas a la hora de tomar decisiones. Somos un océano de conocimiento de un centímetro de profundidad. Siempre que me pongo a ver una película en casa, por ejemplo, tardo mucho en decidirme. PERO MUCHO. Me meto en Rotten Tomatoes, leo críticas, artículos, pido asesoramiento en Twitter, veo trailers y paso por las cuatrocientas películas del catálogo a mi disposición, hacia delante y hacia atrás, recreándome en ese harén cinematográfico que tengo entre Netflix, Apple TV y Yomvi. Y lo que acaba pasando es que, cuando me quiero dar cuenta, me han dado las 2 de la mañana, no he empezado la película y por alguna confusa razón estoy en YouTube viendo un vídeo de una anaconda engullendo a un cocodrilo.

Vivimos obsesionados con tomar la mejor decisión. Lo cuenta de maravilla Louis C.K. en este salvaje monólogo. En perspectiva, la elección del DVD no era tan importante.

Identifico un segundo problema: el miedo al compromiso.

Los millennials eludimos la responsabilidad escondidos en un timeline. Lo queremos todo sin renunciar a nada, no hay trade-off en la economía. ¿Puede uno ser feliz sin comprometerse? Los festivales de verano solo están comprando tiempo. Aziz ejemplifica esa huida hacia adelante, obsesionándose en temas menores para así no afrontar las grandes cuestiones vitales. Nuestros abuelos hicieron la mili en Marruecos, formaron una familia numerosa y construyeron una casa con sus propias manos. Antes de cumplir los 24. Yo, con 31, miraré en Reditt cómo colgar un cuadro.

Todas las familias felices

El exceso de opciones es una problemática moderna.

Las expectativas eran nulas en el siglo XIII.

Hoy, en una sociedad rica, sientes la obligación de vivir en plenitud. No quieres decepcionar a tus padres. No quieres decepcionar a tus amigos. No quieres decepcionar a ese usuario anónimo en Twitter. ¿Qué pensará @alextheboss de tus fantásticas vacaciones a crédito? El tamaño del reloj es proporcional al grado de inseguridad. Tienes miedo, por encima de todo, a cambiar la narrativa, el frágil caso de éxito que trabajas en redes. Te animo a romper pero no esperes un camino de rosas. Podrías vivir mil vidas pero, al final del día, tendrás que quedarte con una. Y más opciones, paradójicamente, complican la valoración, con dos barreras psicológicas:

  1. Parálisis por análisis. Con demasiadas alternativas, terminas bloqueándote.

  2. Arrepentimiento anticipado. Siempre hay una vida mejor, esperándote fuera.

El primero puedes mitigarlo reduciendo el número de nombres en la lista. El segundo es más delicado. Por muy bueno que esté ese taco, tú sabes que, si te lo propusieras, encontrarías otro superior. Explica [en parte] por qué un país desarrollado como Alemania tiene niveles de felicidad similares a los de Costa Rica. En el pobre país caribeño, escogiendo entre tres trayectorias, tomarás la mejor disponible. Sin grandes lujos, pero con necesidades básicas cubiertas, satisfecho con tu 7. En el rico país europeo, ni con el 9 será suficiente. Porque el 10 es real. Y de ti depende conseguirlo.

Huye de la sociedad que proyecta.

No existe tu media naranja. Tampoco el trabajo ideal.

Hay distintas versiones de tu vida. Puedes ser feliz de muchas maneras.

Proyectos imperfectos

Ayer revisaba mis escritos en Guts & Glory.

El blog tiene personalidad pero, a nivel gramatical, es un desastre. Lo fascinante del caso es que yo creía estar redactando el texto perfecto. En mi cabeza era espectacular.

Esta es la conclusión: tuve que autoengañarme para acceder a la siguiente fase. Si hubiera sido realista, consciente del vergonzoso nivel de la entrega, habría abandonado en ese mismo momento. ¡Autoengaño selectivo! Antes de publicarlo, convencerte que el texto merece la pena. Cuando recibe 10 visitas, pensar que el mercado no lo valora correctamente. Cuando, en realidad, lo valora con precisión. Te mereces 10 visitas.

Kubrick sentía vergüenza de su primera película. Quiso quemar las copias pero, por suerte, quedaron algunas cintas. No he visto Fear and desire y, por pretenciosa que resulte, sigue siendo una bonita muestra de su transformación. No busques atajos, el trabajo imperfecto es parte esencial del proceso. Incluso el más grande director del siglo XX pasó por un período vulgar, requisito indispensable para alcanzar la cima.

¿Hay algo que solo tú puedas escribir? Prioriza la originalidad a la ejecución, esfuérzate en ser diferente. Mientras tengas algo que decir, el estilo es lo de menos. Los resultados llegarán en el largo plazo. Los millennials, en esta dimensión, están jodidos. Ellos que siempre tuvieron recompensas inmediatas y crecieron en un entorno con feedback (¡positivo!). El mercado te ignora hasta que generas contenido relevante.

Si deseas el éxito, produce mediocridad en cantidades industriales.

Joan Tubau — Cardinal


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