Übung macht den Meister

There are no shortcuts. Everything is reps, reps, reps. Arnold Schwarzenegger.

La práctica hace al maestro.

Existe un tipo de conocimiento al que solo puede uno acceder si antes paga el precio.

El conocimiento del artesano es un conocimiento práctico, que produce resultados tangibles. No es, por supuesto, un conocimiento de fácil acceso, que pueda incorporarse leyendo libros en la biblioteca. No está sin embargo escondido, el método de adquisición es por todos conocido: la mesa del taller, una tarde de domingo. Quien invierta las horas entenderá el oficio. Todo lo demás es palabrería. El trabajo en la sala de máquinas [los 10 años picando Excels] hará de ti un excelente director financiero. La monótona tarea programa el secreto mecanismo, la respuesta intuitiva llega después de 1.000 días repitiendo un mismo proceso. Los jóvenes, confundidos en un entorno de gratificación instantánea, presumen de matrícula en Dirección Estratégica. Conceptos teóricos nunca implementados. ¿Conoces el modelo del océano azul? Preséntate a Saber y ganar y deja de tocarme los huevos. ¿Y tú qué sabes hacer aparte de memorizar sandeces? El puesto para el que presente un LinkedIn sin anglicismos, el que vendía a puerta fría mientras tú discutías en ESADE el pricing del Frappuccino. El humilde aprendiz, no el pretencioso estudiante, desarrolla el conocimiento genuino.

La jornada de 60 horas

El agua perfora la piedra.

La tortuga gana a la liebre.

No es la fuerza ni la velocidad, es la persistencia.

60 horas son exposición positiva. Errejón defiende la jornada laboral de lunes a jueves pero, si acabas de licenciarte, quieres currar los 7 días. 60 horas en un entorno exigente. 60 horas de sufrimiento. Tómatelo como una inversión: incorporas conocimiento, forjas reputación e incrementas opcionalidad. Luego, desde posición senior, decides qué hacer con tu carrera. No es momento de holgazanear, poco podrás escoger si malgastas tus años fértiles (en un sentido profesional) viendo series de Netflix. Sin lecciones vitales en el fast-food audiovisual—otro gallo cantaría en HBO, si analizaras los movimientos de Stringer Bell o Tony Soprano. No es este un buen año para salir al mercado pero, eres un tipo con recursos, sabrás espabilarte. Mírate el problema desde el coste de oportunidad: la alternativa es ir al gimnasio o, peor, seguir asistiendo a clases de macroeconomía. Más tarde llegan los ineludibles compromisos.

Tienes hoy libertad para explorar. Ejércela trabajando.

Esperan 60 horas transcribiendo informes y revisando presentaciones. ¿Quién te dijo que la consultoría era divertida? En la sala de fotocopias, engañado por el sistema, pensarás que el empleador no está aprovechando tu extraordinario talento. ¡No me jodas! Limítate a cumplir órdenes. Y agradece cada mañana la oportunidad, que le dijo Don a Peggy. Entiende la dinámica del juego: están validando que eres persona de confianza, demuestra profesionalidad superando los retos encubiertos. No intentes sobresalir, solo cumple con el encargo. Antes de la fecha límite, con pulcritud, sin faltas de ortografía. Transcurridos 18 meses, habiendo demostrado tu valía, recibirás el ansiado proyecto. ¿No pretendías ir a cliente en tu primera semana? Te comprendo porque yo pensaba como tú. Escribo esto para que no hagas el mismo ridículo.

Escucha con atención: no estás preparado, pero si trabajas con humildad, en tu tarea aburrida, entenderás un día el oficio. Entonces ganarás pasta. Entonces será divertido.

Mercado abierto

No eres especial. Trabaja ininterrumpidamente esperando la señal. Ayer encontré un viejo documento de 145 páginas—afortunadamente, nunca publicadas. Escribía todos los días, nunca desfalleciendo, afrontando mecánicamente la tarea. Copiaba, en estilo, los artículos de Enric González y Sala Martín. Ellos eran mis ídolos. Esos fueron mis fundamentos. Más tarde entendí la racionalidad del rito. No trabajas para convencer a la audiencia. Trabajas para convencerte a ti mismo. Una vez lo tengas claro, convencerás al mayor descreído. El autoengaño inicial, creyendo que ese texto tenía valor, me mantuvo con vida, regalándome el tiempo necesario para seguir creciendo. Hoy, que recibo los aplausos, me acuerdo todavía de las publicaciones con 26 visitas. Y recuerdo que pensé en dejarlo pero que, inexplicablemente, seguí insistiendo. No busques una razón, busca un cometido, una habilidad que desarrollar día tras día.

En este ardua pelea, el único consejo es que entrenes con fuego real, con skin in the game, jugándote el pellejo. Suelo quejarme de los universitarios que no saben hablar en público, hasta que recuerdo que yo era uno de ellos. La expresión oral, habilidad que sí desarrollaron los niños de colegio internacional, era simple cuestión de práctica, para perder la vergüenza tan solo debía levantar la mano. Aquí la reflexión estúpida: si tienes miedo a hablar en público, habla en público. Repite la tarea hasta convertirla en hábito, el crecimiento ocurre exponiéndote al fracaso. Decidí entonces subir la apuesta, participando en una tertulia de Capital Radio. ¿Cómo iba a temer luego al jefe de marketing? Encontré la confianza en la línea del frente, combatir en un entorno hostil curtió mi carácter. Hoy me resulta fácil porque ayer escogí el camino difícil.

Joan Tubau — Cardinal


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Imagen: Harry Langdon