La larga y dulce travesía

Hablo con la autoridad del fracaso. Scott Fitzgerald.

Todo lo que Djokovic quería era amor verdadero.

Lo buscó en la primavera de París. En las sillas del Jardín de Luxemburgo, leyendo una novela de Beigbeder. Ya de noche, paseando por el Barrio Latino, con una chica ligeramente inestable, aficionada a las películas de Tati. Lo buscó en la hierba londinense. Tomándose una Pimm’s en la colina verde, actualizando el stories con sus Ray-Ban nuevas, en un materialismo que nunca despertó un amor sincero. En el mejor de los casos, nadie se fija en ti. En el peor, atrae a la persona incorrecta. Y lo buscó en el verano austral de Melbourne. En el extraño país de la gente hermosa y obediente. ¿Cómo podían ser felices si todo era perfecto? En el motel de carretera y en el palacio de hielo, Nole buscaría el amor desesperadamente. Y regresaría perdido a casa. Porque, después de tantos fracasos, uno olvida la forma y tan solo persigue un recuerdo. Decidió entonces concentrarse en su trabajo. ¿Quizá le querrían cuando fuera el mejor de siempre? Ganó todo lo que podía ganar pero siguieron sin quererle. Federer recibía el cariño y no entendía por qué no podía él también tenerlo. Sufría cuando le gritaban “¡Vamos Rafa!”, aunque luego se escondiera detrás de su máscara de hierro. Abrumado, se uniría a una comuna hippy. Un año estuvo repartiendo abrazos, hasta que por fin volvió a romper raquetas. El espíritu del guerrero y la rebelión de los corderos. Le atacaron quienes todo lo piensan ideológicamente, por unas declaraciones sacadas de contexto, pero el problema no era la masculinidad tóxica, el problema era que ya no sabía dónde buscar el amor verdadero. Se percibía la ansiedad, el alma inquieta. Lo quería demasiado. Anhelaba ese amor más que la victoria. Y el amor nunca es intencional, funciona siempre por accidente. Cuando vives una vida sencilla. Honesta con tus preferencias. Cuando abres tu corazón. Mostrando la debilidad. Cuando eres tú mismo. Entonces la gente te quiere.

Tenía que ser en Nueva York, la ciudad antipática, allí donde concluyera la travesía del héroe. Mourinho es feliz en Roma y Ben prepara el desayuno de Jennifer. Cupido sigue códigos secretos. El día menos pensado un desconocido te ofrece su amor incondicional, queriéndote por todo lo que fuiste, queriéndote por todo lo que eres. Y si interiorizaste el rol de villano, no entenderás lo que está ocurriendo. Nole sintió ese amor en la ovación del último juego. Y se derrumbó, claro, porque llevaba toda una vida buscando eso. Y lloró como un niño. Y lloró Nueva York. Y lloró el pueblo serbio. Y a nadie le importaba ya si serían 20 o 37, porque el éxito es un engaño y solo la derrota muestra el rostro verdadero. Lo único real es el amor de la gente y solo él sabía lo mucho que había sufrido esperando ese momento. Lo había ganado todo en busca de ese amor y lo encontraba ahora, en la derrota más dura de su carrera.

Esta es la lógica de la vida.

No intentes comprenderla.

Joan Tubau — Cardinal


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